Desde hace mucho tiempo tuve un gran sueño: hacer el camino a Santiago. En el mismo tiempo practicar el español como lo ofreció el programa de la escuela Iria Flavia me parece fantástico, eso significa matar dos pájaros de un tiro. Por eso me atreví.
Nuestro grupo consistió en 7 personas: Alf, un hombre joven con pies largos, experimentado en Marathon; André, hombre suizo, también versado en senderismo; Christina, una chica guapa y rapida; Gisela, una mujer con experiencia alpinista en Nepal y otros países montañosos; Miriam, una irlandesa muy ligera y deportiva; una guía amable, Christina, que no tiene coche y por eso va a pie 8 km a su casa cada día y yo, una persona de cierta edad y dificultades de forma física. Estupendo, no? Un gran desafío para mí.
Afortunadamente tuvimos a un conductor del coche de apoyo muy paciente y con gran experiencia, a Ramón Clavijo, director de la escuela. Además tuvo buen gusto en comprar deliciosas comidas para el picnic, de modo que trajo siempre riquísimas especialidades del país gallego, por ejemplo queso, carne, jamon, mariscos y bebidas. Sus conocimientos de la cocina gallega fueron inmensos. Por su culpa no pude adelgazar. No lo sabía antes que la comida de Galicia es la mejor del mundo. También la hospitalidad y amabilidad de la gente me gustó mucho. No olvidar la naturaleza verde, los ríos susurrandos, las montañas maravillosas, las llanuras amplias, los atadeceres grandiosos, todo esto me sorprendió cada vez de nuevo. Vimos pueblos aislados, monasterios y iglesias medievales, testigos de una larga historia. Estas cosas interesantes de la cultura anterior nos explicó entusiasmada nuestra guia perfecta Christina. Después de largas caminatas pudimos relajarnos en unos lujosos alojamientos, uno de ellos contuvo hasta una bañera con whirlpool, muy solicitada, puedes imaginartelo. Sin embargo lo más importante era el Camino mismo. Tuvo una atmósfera tranquila, casi mística que se puede notar a lo largo del recorrido. Recordamos a los pasos de las multitudes de peregrinos quienes hicieron ya el peregrinaje antes de nosotros, rezando y cantando. Los majestuosos robles y viejas castañas al lado de la via nos regalaron sombra y refresca como en los tiempos pasados. Así se me olvidaron las ampollas y los huesos dolorosos. Caminando soné con un caballero templario que me llevara encima de su caballo sin esfuerzo.
A pesar de los pies heridos y la marcha unas veces dura, el peligrinaje mereció la pena. Consegimos orgullosos la meta y llegamos a Santiago finalmente. La recompensa por los sufrimientos recibimos en la catedral durante la misa del domingo en lo que llegamos: Qué milagro: se cumplió un gran deseo mío: Podemos ver el botafumeiro en acción. Esto me emocionó hasta las lacrimas y me sentí muy feliz y alivada.
Muchas gracias a todos mis compañeros por la buena compañia y gracias a nuestros maestros de viaje por su ayuda en cada momento. Para mí fue una experiencia inolvidable, este camino tan especial.
Hasta la proxima y.. buen camino en el futuro!
Eva Hildisch - Alemania